en su gran necesidad de conocer nuevos países decide ir a emprender un nuevo viaje hacia el sur con lo cual decide ir a la costa nubia para cruzar de nuevo el Mar Rojo poco después, hacia Yemen donde se alojo en casa de Nur ad-Din Ali inicio al poco tiempo
un largo viaje por mar con el que recorrió las costas de África, el sur de la Península
Arábiga y el Golfo Pérsico. Pasando alrededor de una semana en cada uno de sus
destinos, donde visitó Etiopía, Mogadiscio, Mombasa, Zanzíbar y Kilwa, entre otros ...
Después de dirigirse al sur dirigió su atención al norte alcanzando las
heladas estepas donde se conseguían las pieles de armiño y marta.
Ibn Battuta aceptó acompañar a una de las
esposas del khan a Constantinopla. Después de un mes en la ciudad, volvió sobre su ruta hacia Astrakhan, continuó
más allá del Mar Caspio y el Mar de Aral a Bujara y Samarcanda, desde donde viajó
hacia el sur hasta Afganistán, cuyos pasos de montaña usó para cruzar a la India.
Probablemente, Ibn Battuta nunca alcanzó a ver Pekín ni la famosa Muralla China;
a pesar de lo cual dejó gran información escrita sobre aquel período y refleja como
quedó gratamente sorprendido ante una civilización tan extraña y sus grandiosas
fiestas. Pero, ni siquiera una vez regresado a su primer hogar a Ibn Battuta se le acabaron
las ganas de viajar y descubrir nuevos lugares y gentes, por lo que posiblemente,
debido a que sus padres habían muerto y a la cercanía de la famosa al-Ándalus,
pocos años después inició un nuevo viaje hacia esas tierras aprovechando que justo
en el momento en que Alfonso XI de Castilla amenazaba con conquistar Gibraltar, por
lo que nuestro protagonista se unió a un grupo de musulmanes que salían de Tánger
con la intención de defender el puerto. No hizo falta ya que cuando el contingente
llegó, la Peste negra había matado a Alfonso y la amenaza había desaparecido.
Libre de su misión, inició su viaje por Valencia y terminó en Granada,
donde fue enviado como embajador del sultán y permaneciendo allí por espacio de un
año más o menos.
El género rihla aparece en el siglo XII, de la mano de árabes occidentales cuyo objetivo era peregrinar a La Meca o "adquirir la
ciencia" en las grandes ciudades orientales. El primer gran autor fue el granadino Abu
Hamid, quien visitó el norte de África, Siria, Irak, Persia, Transoxiana y
toda la región centro y sur de Rusia, titulando su obra “Regalo de Corazones”. Pero no
cabe duda de que uno de los más importantes autores de este género fue Ibn Battuta,

este es Abu Hamid:


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